miércoles, 18 de noviembre de 2009

Una trompeta lejana

Entre tres amores
Aquí, carteles de la última película firmada por el gran Raoul Walsh. Un western en estado puro que fue mal acogido por la crítica, pero que a día de hoy está plenamente reivindicado. Se le criticó que tuviera un reparto demasiado “blando” para unos personajes que destilaban una gran rudeza. El argumento, la conquista del lejano oeste, habla por sí solo de que los hombres y mujeres de aquellos tiempos y lugares no podían ser encarnados por actores que estaban más que vistos en películas y series de televisión que contaban cosas de los niñatos de los años sesenta.
Troy Donahue era uno de los máximos ídolos de las jovencitas en películas como Parrish o Summer Place (en España, En una isla tranquila, al sur). Suzanne Pleshette era otra jovencita en la misma onda, cuyo papel más recordable es el de la maestra enamorada de Rod Taylor que acaba picoteada hasta morir en Los pájaros, de Hichcock. Diane McBain, tres cuartos de lo mismo: se lanzó como respuesta a jovencitas ingenuas que ya dejaban de serlo (su modelo más evidente fue Carroll Baker) e, incluso, se la intentó transformar en una réplica de la mismísima Marylin Monroe.
Aun teniendo -es verdad-, a unos actores tan inadecuados, Una trompeta lejana fue un dignísima despedida del cine del gran Raoul Walsh. Estamos ante un western lleno de brío en el que un oficial del ejército americano se debate entre el deber y dos mujeres (una de ellas casada) donde los paisajes y el uso del sistema panavision jugó un papel decisivo en su acabado. Eran tiempos en que la fotografía de cine se cuidaba tanto o más que otros apartados de la producción. El panavision estaba en pleno apogeo y aquí luce esplendoroso.

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